Ser mamá no es lo mejor que me ha pasado en la vida.

Por: Ana Lucía Cepeda, Directora General de Bolsa Rosa.

Amo a mi bebe con locura y pasión no me mal entiendan, pero mi hijo vino a sumar a mi vida que ya sentía como completa, no vino a completarla. Creo que el error más grande es querer tener hijos para completar tu vida.  Sin duda son lo mejor y son lo máximo y no hay nada en el planeta tierra que se compare. Pero así como lo mejor fue tenerlo, lo mejor fue también casarme y vivir con la persona que amo todos los días, lo mejor también han sido los viajes que he hecho y voy hacer con mi esposo, lo mejor también es la empresa que he construido y el equipo de trabajo de gente tan fregona que me rodea.

Me encanta ser mamá, es un rol que adquirí desde hace poco más de un año y que disfruto todos los días y no lo cambio por nada (no quiero devolver al niño no se asusten).  Pero socialmente hablando las mujeres estamos de una manera condicionadas a sentir y pensar que tener hijos es lo MEJOR que te puede pasar en tu vida, que están mal las mujeres que deciden no tener hijos por elección propia porque se les juzga con esa mirada y pensamiento de “nunca vas a vivir la verdadera felicidad.”  Cuando la felicidad viene de tu ser interno, de tu yo, de ser feliz sin importar las condiciones externas, no solo de tener hijos.

Entonces después de ser mamá por más de un año y no sentir que mi hijo es LO MEJOR, sino de compartir ese sentimiento de LO MEJOR con más cosas en mi vida, me hacía sentir muy culpable y MUY confundida.   Pero hace unos días en una sesión de terapia con una copa de vino (esas que te arreglas a ti a ella y al mundo) con una súper amiga que adoro y admiro y que aparte es psiquiatra, le “confesé” este sentimiento de compartir LO MEJOR con más cosas que tengo en mi vida aparte de mi hijo.  Gracias a Dios me aclaró que lo más sano es justo sentir esto, que los hijos vienen a sumar no a completar, que no debemos de vivir para ellos y que debemos de haber sido muy felices y habernos sentido completos como pareja antes de que llegaran, que tu felicidad como persona o pareja no la impongas en los hijos por tener y vengan a “darte” felicidad, porque si no sale como lo planeas (y los hijos es lo que menos puedes planear y controlar como van a salir) pues no vas a poder ser plenamente feliz y vas a tener mucho resentimiento.

Por eso hasta ahorita, después de tener esta platica con mi amiga psiquiatra, quien le agradezco por escucharme y darnos terapias informales, pude poner en perspectiva y comprender lo que sentía y pude ahora si soltarme a escribir y compartir mi experiencia de mi primer año de mamá.  Pude ver como tenemos estigmas sociales tan fuertes que nos obligan a sentir ciertas cosas, tener ciertas creencias y a no ayudarnos como mujeres y mamás.

Desde que nace tu bebé te sientes obligada a decir que es lo mejor, que realmente no habías vivido antes de su nacimiento y que desde el día uno que nace debes de sentir que das la vida por él en ese segundo.  Y pues no es así, es un proceso amar incondicionalmente a tu bebé y que él también te conozca y te ame a ti.  No son campanitas y angelitos desde el día 1 que nace como la sociedad exige e impone que sea. Existe un lado obscuro de la maternidad que nadie te dice, que hasta que lo viví comprendí que aunque me lo digan no lo hubiera dimensionado.  Son esos primeros 2 – 3 meses (o más depende del bebe y la mamá) de cansancio extremo, de estar pegada al bebe todo el día y noche y que depende de ti más que nadie. Que no hay horario, que no sabes cuándo vas a poder dormir bien, que aparte traes un descontrol hormonal y tantos sentimientos que sumándole el cansancio, yo sentía un monstruo apoderado sobre mi ser que me nublaba el pensamiento y sentía una nube gris arriba de mi las primeras 10 semanas.  Pero como siempre dicen y es cierto, sale el sol, puse horarios y control con mi bebé desde muy chiquito, que eso nos ayudó a todos a dormir mejor desde sus 3 meses y ayudó a que más rápido llegara el sol. Con mi siguiente hijo definitivamente haré cosas diferentes para no volver a sentir ese cansancio y no volver a sentir un ser posesionado dentro de mi.   Pero bueno, al fin mamá primeriza nadie me podrá contar la desvelada y la montaña rusa de sentimientos, porque lo viví en carne propia.

El tener un hijo me ha hecho amar más a mi esposo, porque he disfrutado ver y vivir la paternidad a través de sus ojos.  Vi un crecimiento en él como persona y un amor que ni él sabía que podía sentir.  Me hizo admirarlo más, y le agradezco en el alma porque asumió su rol de papá al 100 e hicimos un mega equipo desde los primeros días donde se turnaba conmigo las tomas de la madrugada para yo poder dormir un par de horas más. Ese mismo trabajo en equipo lo hemos mantenido y evolucionado con el tiempo, siendo los 2 cuidadores y estando presentes, lo más que cada uno puede, con nuestro bebé.

De las lecciones más grandes que me ha dado la vida en este primer año de mamá es no juzgar y no meterme en las decisiones y la vida de otras mamás.  Nadie tiene que dar explicaciones y nadie debe de preguntar de lo que hace una mamá con su hijo, si le da pecho o no le da pecho, el tiempo que le dio, quién o dónde le cuidan al bebé, si trabaja o no trabaja… a nadie le debe de importar.  Es decisión de cada mamá y con que ella este en paz con sus decisiones (siempre y cuando sean sus decisiones y no impuestas por su pareja, familia y/o sociedad) su bebé y su mundo estarán bien y felices y es lo que más importa.  También que entre mamás debemos de ser honestas con nuestros sentimientos y apoyarnos mutuamente, no fingir que todo es perfecto y todo rosa, porque no lo es.

Así como dicen “it takes a village to raise a child” pues si la verdad es que no puedes criar a un hijo sola y las personas que más debemos de reconocer en este proceso, en caso de que tengas una situación como la mía, son aquellas grandes mujeres que a veces sacrifican criar a sus hijos por venir a cuidar a los tuyos.  A ellas les debemos mucho y por eso mismo debemos de proveerles un hogar, y de una manera tratarlas como realeza con el respeto y dignidad que merecen, porque dejan mucho por vivir en tu casa y ayudarte a darle vida y sentido a la palabra hogar.

Por último quiero acabar contándoles que una persona me dijo que los hijos son karma.  Pensándolo bien me hace todo el sentido del mundo, porque los hijos son los que te escogen como papás para aprender algo de ti y tu de ellos y si esa lección la vas aprendiendo bien, quiero pensar que serás más feliz conforme pasa el tiempo. Los hijos es lo más impredecible y de lo que menos podemos tener control, y es de las cosas que realmente quiero que la vida y Dios me sorprendan.

Ya veremos cuantos más karmas me manda el universo… sin duda estaremos abiertos a recibirlos, amar, aprender y crecer con cada uno de ellos.

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